La sociedad de la información y el conocimiento. Un discurso establecido

En 2012, mientras cursaba el máster Comunicación y Educación en la Red de la UNED, leía constantemente cómo las TIC iban a revolucionar, no solo la educación, sino también la sociedad entera.

Muchos artículos, de blog y de revistas universitarias, parecían tener una visión mesiánica del asunto. Por ello, en una asignatura con el título Principios de la sociedad del conocimiento quise tratar desde un punto de vista crítico los conceptos de sociedad de la información y sociedad del conocimiento.

El ensayo en el que lo hice fue publicado en Academia.edu hace un tiempo, pero he querido relanzarlo aquí para tratar de revivirlo y valorar si, ocho años y una pandemia después, tiene alguna relevancia.

Resumen

Este ensayo tiene por objeto aunar definiciones y caracterizaciones sobre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento. Se va a tratar de proporcionar una vista general de estos dos conceptos en el marco de las definiciones proporcionadas por influyentes organismos internacionales como la UNESCO. Además, se recogen aportaciones de distintos autores del ámbito académico sobre estos conceptos. Por último, se intenta agrupar estas distintas aportaciones en torno a varios temas para finalmente poder identificar discursos consolidados y retóricas con respecto de la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento.

Introducción

Es bien sabido que la importancia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (de ahora en adelante, TIC) es muy grande. Para autores como Postman (1993; citado en Aibar, 2008) es algo relativamente habitual hoy en día que muchas personas dediquen buena parte de su tiempo a diversas actividades conectados a Internet. La preeminencia de Internet y otras tecnologías ha influido en que las sociedades actuales sean bautizadas con nombres como sociedad del conocimiento o sociedad de la información. Existe disparidad a la hora de usar un término u otro. En este sentido, mientras se da un debate en el ámbito teórico-académico sobre qué término usar, en el terreno de los medios de comunicación estos términos son más que habituales y cada medio elige si se usa uno u otro (Burch, 2006). Términos como sociedad red, de la información, del conocimiento, del vacío, de las tribus, son algunos de los muchos nombres que nos podemos encontrar para referir las sociedades occidentales actuales (Maffesoli, 1997; citado en Alonso, 2004). No obstante, el presente ensayo va a tratar los dos términos mencionados en primera instancia por considerarlos más habituales en el debate actual.

En primer lugar, va a tratarse de realizar una aproximación a una definición de los distintos nombres que se les otorga a las sociedades (occidentales) actuales antes mencionados.

Sociedad de la información

El término sociedad de la información es utilizado principalmente cuando se mencionan los avances tecnológicos y digitales de las décadas recientes y sus efectos sobre la economía (Krüger, 2006), la cultura, la difusión de la información, etc. Crovi (2010) sitúa su origen en 1975 en el marco de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), el cual bebió de los cambios exponenciales que empezaban a darse en relación con las posibilidades de almacenamiento y difusión de la información. Posteriormente, de acuerdo con la autora, se aplicaría este término a ámbitos económicos y laborales, de la mano de Drucker y otros autores. A este respecto económico, Krüger (2006) afirma que es característico el tomar como núcleo de la sociedad de la información la producción, la reproducción y la distribución de la información. Por su lado, Burch (2006) sitúa el origen dos años antes, cuando en 1973 Bell introduce el término para describir un futuro modelo de sociedad por la que el conocimiento prima y los servicios de conocimiento son centrales en el modelo económico. En este sentido, Bell y Castells (1976; 1997; respectivamente, citados en Aibar, 2008), entienden la sociedad de la información, en su manera más básica y esquemática, como la resulta entre un modo de producción consistente en una reestructuración del capitalismo y un modo de desarrollo denominado como informacionalismo. Éste se caracteriza por fundamentarse en la lógica de la red. Esto es, en la interconexión flexible y dinámica de sus elementos (Aibar, 2008).

De esta sociedad (si bien la denomina sociedad de la información y la comunicación), Amar (2006) afirma que es esencialmente del mundo occidental y su común denominador es Internet, el cual es visto como algo sin parangón en la Historia (Abbate, 1999; Cailliau y Gillies, 2000; citados en Amar, 2006). La sociedad de la información sería un enlace entre las TIC y ciertas maneras de articular la organización socioeconómica, en cierta medida preexistente (Aibar, 2008).

El determinismo tecnológico o la importancia de las tecnologías en diversos ámbitos de la vida social es algo patente en el discurso de la sociedad de la información. No obstante, Aibar (2008) avisa de que la sociedad de la información supone algo más que la incorporación de ordenadores a los procesos económicos de la sociedad industrial. Otro autores como Katz y Hilbert (2003; citados en Cardona y Sánchez, 2010), consideran que el motor para el desarrollo social y económico está en la información y el conocimiento, a través de la dotación tecnológica y la implantación de las TIC en diversos ámbitos, como por ejemplo el e-commerce, el e-learning, e-banking, etc. En resumidas cuentas, la sociedad de la información es vista como el producto del influencia de las TIC en la sociedad (Aibar, 2008).

Sociedad del conocimiento

Otra manera de referirse a la sociedad o la manera de estructurar la vida social actual es mediante el término de sociedad del conocimiento. Según Burch (2006), este término surgió al término de la década de los 90 y se usa como alternativa a la sociedad de la información, sobre todo en círculos académicos. Tiene una acepción descriptiva, por la cual se resumen los cambios sociales recientes y se proporciona un marco de análisis para los mismos; además de unas ciertas connotaciones, por las cuales se ofrece una proyección normativa de futuro para lo que han de ser las acciones políticas que se tomen (Krüger, 2006). Por su lado, Hargreaves, concibe la sociedad del conocimiento como una sociedad en la que el aprendizaje tiene una valoración muy positiva. Esto es, si la economía en la sociedad industrial necesitaba trabajadores para la maquinaria de la producción, la sociedad del conocimiento necesita trabajadores del conocimiento (Hargreaves, 2003; citado en Osuna, 2007). Se plantean, pues, nuevas formas de producción de conocimiento, y cobran una importancia capital los productos y servicios basados en el conocimiento (Heidenreich, 2003; citado en Krüger, 2006).

Castells (2002; citado en Crovi, 2010), por otro lado, entiende la sociedad del conocimiento como aquélla en la que el procesamiento de la información y la generación de conocimiento se han visto alterados por una revolución tecnológica de capital importancia, es decir, el avance en tecnologías digitales. Así, de manera similar a la llamada sociedad de la información, la sociedad de conocimiento concede una gran importancia a las TIC y su utilización en los procesos económicos (Heidenreich, 2003; citado en Krüger, 2006). No obstante, la diferencia estribaría en que la llamada sociedad del conocimiento pondría el foco también en la promoción de la autonomía, más que en la tecnología y en la interconectividad, que suponen puntos centrales en los discursos sobre la sociedad de la información (UNESCO, 2005). Esta autonomía va acompañada en la sociedad del conocimiento del deseo de que se sea capaz de juzgar y analizar las percepciones, expectativas y asunciones socialmente aceptadas (Krüger, 2006). Las características principales de una sociedad de este tipo son, de acuerdo con la UNESCO (ibíd.), la “capacidad para identificar, producir, tratar, transformar, difundir y utilizar la información con vistas a crear y aplicar los conocimientos necesarios para el desarrollo humano” (p. 29). En esta última caracterización, puede entreverse el carácter de proyección hacia el futuro que implica el concepto de sociedad del conocimiento.

Especial hincapié ha realizado con respecto de la sociedad del conocimiento la UNESCO, ya que se encuentra dentro de sus políticas institucionales. Así, ha incluido otros aspectos más allá de la dimensión económica, tratando de establecer como válido el término frente a otros. En sus palabras: “Desde mi punto de vista, el concepto de «sociedad de la información» está relacionado con la idea de la «innovación tecnológica», y el concepto de «sociedades del conocimiento» incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional, así como una perspectiva más pluralista y de desarrollo. El concepto de «sociedades del conocimiento» es preferible al de la «sociedad de la información» ya que expresa mejor la complejidad y el dinamismo de los cambios que están ocurriendo.” (UNESCO, 2003).

Lo que parece ocurrir, desde mi punto de vista, es que la sociedad del conocimiento viene a suponer el inevitable paso siguiente en la «escala evolutiva», si se me permite la expresión, de la sociedad de la información. De acuerdo con el citado informe de la UNESCO de 2005, “La sociedad mundial de la información en gestación sólo cobrará su verdadero sentido si se convierte en un medio al servicio de un fin más elevado y deseable: la construcción a nivel mundial de sociedades del conocimiento que sean fuentes de desarrollo para todos, y sobre todo para los países menos adelantados.” (UNESCO, 2005: 29). Aquí, como en el ejemplo anterior, puede apreciarse el carácter de proyección hacia el futuro, impulsado desde un organismo internacional con un relativamente alto poder. Esto es algo que no es tratado de manera oculta, como pudiera parecer, sino que es explicitado abiertamente. Así, la UNESCO (ibíd.) estima que “la edificación de las sociedades del conocimiento es la que abre camino a la humanización del proceso de mundialización” (p. 29).

Drucker es un autor relativamente temprano en hablar de sociedad del conocimiento. De hecho, Krüger (2006) sitúa en sus trabajos de la década de los 60 un posible origen del discurso de la sociedad del conocimiento. Este autor, Drucker, según Crovi (2010), suscribe esta visión de que hay una relación de progreso, de cambio de paradigma, a mejor, en lo que refiere al paso de la sociedad de la información a la del conocimiento. Para este autor, este cambio estaría articulado, no ya por la electrónica (adalid, como se ha mencionado anteriormente, de la sociedad de la información), sino por la ciencia cognitiva (Thirión, 1999; citado en Crovi, 2010).

Implicaciones de estos discursos

Vaguedad en los términos

Los conceptos de sociedad de la información y sociedad del conocimiento hacen referencia y hacen suyas las ideas de información y conocimiento. No obstante, hasta los cazadores y recolectores de la Prehistoria, pese a que no tenían tecnologías excesivamente sofisticadas, tenían información y conocimiento de algún tipo. En este sentido, autores como Alcántara (2008) o Castells (1996; citado en Krüger, 2006), con respecto de la sociedad de la información, caracterizan de erróneo este apelativo, dado que en toda civilización y en toda sociedad que ha existido a lo largo de la historia se ha concedido a la información mucho valor.

En una línea parecida, aunque con relación al concepto de sociedad del conocimiento, Heidenreich (2003; citado en Krüger, 2006), llama al escepticismo. Según el autor, resulta extraño basar la definición de algo tan complejo y grande como es una sociedad en el conocimiento, si se tiene en cuenta que ninguna sociedad ha existido ni existe sin tener conocimiento, del tipo que sea.

Asimismo, no deja de resultar ciertamente contraproducente para los defensores de estos conceptos el hecho de hablar de sociedad en singular, cuando es razonable entender las sociedades como algo en absoluto homogéneo, además de cambiante y dependiente de la cultura de la zona. La UNESCO, por ello, parece haber incorporado a su vocabulario sociedades del conocimiento, en plural.

Revolución digital como revolución industrial

A veces, con o sin el entusiasmo que trae consigo frecuentemente la idea de progreso, se habla de la sociedad de la información o de la sociedad del conocimiento como la estructura social vigente que ha tenido lugar fruto de otra revolución industrial. Al hablar de revolución, estos discursos equiparan los cambios tecnológicos recientes, por otro lado innegables, con la revolución que supuso la invención de la escritura en el Neolítico, o con la personificada en Gutenberg mediante la imprenta y, con ello, la difusión de los libros (Amar, 2006).

La UNESCO respalda también esta conceptualización como revolución de los cambios subyacentes a la sociedad de la información y/o conocimiento. Para esta institución, “los cambios radicales provocados por la tercera revolución industrial –la de las nuevas tecnologías– han creado de hecho una nueva dinámica, porque desde mediados del siglo XX la formación de las personas y los grupos, así como los adelantos científicos y técnicos y las expresiones culturales, están en constante evolución, sobre todo hacia una interdependencia cada vez mayor.” (UNESCO, 2005:20; la cursiva es mía).

Este discurso de las TIC como impulsores de una revolución tecnológica conceptualiza a éstas como naturalmente buenas y, además, se las acompaña inherentemente de la idea de progreso.

El discurso de la «e»

Por otro lado, un compañero habitual en el discurso de la sociedad de la información/conocimiento es una retahíla de palabras en inglés con el prefijo e-. Por ejemplo, Aibar (2008) expone algunas: para el uso de Internet por las empresas se usa e-business, la administración estatal electrónica se la denomina a veces e-government; la venta a través de medios electrónicos, e-commerce; o, por supuesto, el uso de tecnologías digitales en la educación es llamado e-learning. Como el mismo autor ya advierte, este tipo de anglicismos manifiesta poco rigor y utilizan el prefijo como una manera de darse autobombo. Es usado, además, como un reclamo comercial ya que puede resultar ciertamente atrayente.

Esta manera de hablar y de encuadrar distintos sectores de la actividad social encuentra cierto respaldo en instituciones de poder, más allá, por supuesto, de las corporaciones y empresas que lo usan como estrategia comercial. Así, Ban Ki-Moon, secretario general de las Naciones Unidas, afirma que con el e-learning o la e-salud será más fácil conseguir los objetivos de desarrollo del milenio (WSIS, 2011).

La generación net

Las TIC poseen un amplio sector de destinatarios y compradores en las llamadas sociedades occidentales y, cada vez con mayor frecuencia, también en las llamadas orientales. Suele usarse el término generación net para designar aquellos individuos que han crecido usando de manera habitual dispositivos tecnológicos como Internet, móviles tipo smartphone, cámaras digitales, etc. Es habitual el uso o abuso del término generación para describir períodos históricos sonados (generación baby boom, generación X, etc.), no obstante, el término generación net trae consigo una serie de implicaciones específicas.

El discurso de la generación net pone de manifiesto la dicotomía entre nativos e inmigrantes digitales. De acuerdo con esta diferenciación, se perfila una nueva brecha dentro de la sociedad por la cual los pertenecientes a la generación net, los nativos digitales, poseen una competencia a todas luces mayor que sus mayores, los cuales manifiestan cierto grado de ineptitud con las nuevas tecnologías. Éstos últimos pueden aprender su uso haciendo un esfuerzo, pero siempre serán inmigrantes digitales, nunca nativos. En este sentido, son categorías absolutamente impermeables. De acuerdo con Gabelas (2010), la dicotomía nativo-inmigrante digital carece absolutamente de rigor, y con ella se confiere a los nativos digitales habilidades de índole cuasi innata hacia el uso de tecnologías digitales. Una de las implicaciones de esta distinción es que la industria tecnológica concede un valor añadido a cada dispositivo tecnológico, dado que sólo los jóvenes cuentan con las destrezas para usarlos. Más allá del reclamo psicológico que supone disfrutar de algo para jóvenes y ser así sempiternamente joven, esta retórica asegura un sector de mercado fijo y suculento para la industria productora de TIC (ibíd.). Estos deseos por parte de la industria tecnológica de ampliar los compradores de TIC se tratan con mayor profundidad a continuación.

Abaratamiento y difusión de la tecnología

Parece ser que, en la línea del determinismo tecnológico que describe Aibar (2008), a las TIC se les atribuye ser el detonante tecnológico de una transformación social de grandiosa magnitud. Esto no es baladí, ya que, desde mi punto de vista, la tecnología juega un papel fundamental a la hora de perpetuar estos discursos. Si entendemos las TIC como los adalides de estos cambios, la industria que las produce se coloca, pues, con cierta legitimidad gracias a este discurso, como el centro desde el que capitanear el desarrollo. De esta manera, las corporaciones y empresas productoras de servicios digitales gozan de una influencia significativa (Burch, 2006). Esta influencia deja verse en el hecho de que algunos dispositivos generan un efecto importante en buena parte de la sociedad (piénsese en la expectación nacida de las nuevas versiones del iPad o del iPhone). Estos dispositivos, además, ejercen la influencia de que pueden propiciar grandes cambios en las rutinas de vida (Aibar, 2008). Otro aspecto donde se trasluce la influencia de los avances tecnológicos es la cada vez mayor apropiación social del discurso de la ingeniería informática de las versiones, como es el 2.0, 3.0, etc. El poder de las compañías productoras de tecnologías es reseñable. De acuerdo con Castells (2001) Cisco Systems fue productor del 85% de enrutadores y conmutadores, elementos básicos de infraestructura para acceder y conectarse a Internet. Era la mayor empresa industrial del mundo, siendo así que se situaba como la segunda empresa con mayor valor en el mundo, en torno a 400.000 millones de dólares.

Por concluir este apartado, uno de los discursos que subyacen a la sociedad de la información/conocimiento es la venta de TIC a un número cada vez mayor de personas. Resulta curioso que Cisco o Microsoft estuvieran en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS, por sus siglas en inglés) y que recibieran un agradecimiento en las primeras páginas del documento oficial, junto con el resto de auspiciadores de la Cumbre. A este respecto, Ban Ki-Moon afirma (WSIS, 2011) que uno de los “objetivos es mejorar el acceso a las TIC de las personas y las comunidades a lo largo del mundo” (p. 21). Si se tiene en cuenta el poder que tienen las industrias productoras de tecnologías informáticas puede interpretarse de una manera menos bondadosa este discurso de proporcionar acceso a las TIC a los pobres.

TIC para los pobres

Al hilo del párrafo anterior, uno de los objetivos de algunos agentes en el marco de la sociedad de la información/conocimiento es que la tecnología se difunda, sea más accesible, incluyendo a los habitantes de los países más empobrecidos. Si bien el informe de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (WSIS, 2011) afirma que son muchos los ejemplos de cómo las TIC han contribuido a erradicar la pobreza y a llevar servicios básicos a las poblaciones más pobres, la economía mundial sigue manifestando unas desigualdades similares a las que el sistema capitalista estableció y agudizó.

En este sentido, Internet es presentado como una posible salvación para los países pobres, y si se compara con los goces digitales de sus ricos vecinos del hemisferio norte puede parecer factible. David y Foray (2002) denuncian este tipo de discurso, ya que hace creer que con un acceso libre y garantizado a Internet se resolverían muchos problemas. En este sentido, para Welsch (2002; citado en Krüger, 2006) en la red se reproducen las desigualdades que ya de por sí se dan en las sociedades. No se trata únicamente de desigualdades en cuanto a la infraestructura tecnológica (brecha digital), sino que además la UNESCO (2005) recientemente añadió a ésta la denominada como brecha cognitiva. Ésta es importante ya que pone en riesgo a las poblaciones afectadas. De hecho, de acuerdo con Krüger (2006), en la sociedad del conocimiento la exclusión social está también mediada por el acceso diferencial a la información y al conocimiento, así como a los efectos de la globalización socioeconómica, un hecho concomitante con la sociedad del conocimiento.

Mediante esfuerzos y cumbres como la WSIS se han conseguido acercar las TIC a un número cada vez mayor de personas a lo largo del mundo. Si se observa el informe de esta cumbre, puede apreciarse que todos los delegados de los países asistentes han implementado algún plan de desarrollo (o de control) a este respecto. Burch (2006) opina que uno de los motivos subyacentes a esta expansión de la compra de productos tecnológicos por los países empobrecidos obedece a que los mercados occidentales no dan más de sí y las industrias productoras de estos dispositivos se abren paso a otras áreas de mercado. En línea con esto último, Crovi (2010) afirma que estos esfuerzos por llevar las TIC a otras zonas más desabastecidas responden en mayor medida a intereses económicos que a intentos por reducir la referida brecha digital.

Las TIC no han venido sino a acelerar la globalización cultural y económica. No obstante, de cara a la galería se presentan las TIC como un avance a favor de la humanidad, materializándose en Internet, telefonía móvil, etc. Dentro de este discurso, se afirma que si tan solo pudiera acortarse la brecha digital entre países ricos y países empobrecidos, estos últimos también disfrutarían de sus beneficios (Burch, 2006). Esta implicación supone un legitimador para abrir este sector de mercado a la industria tecnológica y, a la vez, consolidar el poder de la globalización económica.

TIC en la educación

Sin dudarlo, el uso de las TIC aplicado a la educación es un tipo de discurso hermanado con el de la sociedad de la información/conocimiento. La literatura es extensa a este respecto, y es frecuente encontrarse con una retórica que alude a cambios de paradigma en la enseñanza, modernización y mejora de las aulas, etc., que parece correlacionar con la implantación de las TIC en las mismas. La educación ha tomado un papel central en las sociedades actuales. A este respecto, (Heidenreich, 2003; citado en Krüger, 2006) destaca la creciente relevancia de los procesos educativos y formativos, tanto en su vertiente más clásica de educación y formación inicial como, más recientemente, también a lo largo de la vida. La educación a lo largo de la vida es un tema recurrente y muestra de ello es que la UNESCO (2005) insta a que el aprendizaje «debe» continuar a lo largo de la vida. Autores como Alonso (2004) se alarman ante esta exigencia de los tiempos modernos ya que no deja de ser un nuevo filtro de selección en los trabajadores, dado que no todos pueden permitirse seguir formándose durante toda la vida.

Si se piensa, es normal que un tipo de sociedad que invoca al conocimiento dé mucha importancia a la educación. La llamada educación del futuro en la sociedad del conocimiento otorga a las TIC un papel fundamental como instrumento de cambio (Crovi, 2010). Este tipo de asunciones ha derivado en que en multitud de países se hayan implantado planes desde las administraciones para comprar y proveer de TIC a las aulas. En España, por ejemplo, los encargados fueron el Proyecto Atenea o el más reciente programa Escuela 2.0. Con respecto del último, Murillo (2010) afirma que fue ratificado, entre otros, directamente por un grupo de empresas de la industria productora de dispositivos tecnológicos y cuyos objetivos explícitos son llevar (vender) aparatos a las clases. Esto, claro, no parece sonar muy bien en todos los oídos. Puede que para promover la aceptación social de esta venta masiva de dispositivos para ser usados en las aulas cuente con el apoyo institucional de organizaciones de gran calado, como la UNESCO, apoyándose en palabras tan bien sonantes como la sociedad del conocimiento, y los beneficios para el individuo que trae consigo. En este sentido, la UNESCO, declaraba en su Informe Mundial de la Educación de 1998 que los entornos de aprendizaje virtuales iban a constituir una forma totalmente nueva de Tecnología Educativa (Osuna, 2007). Tecnología educativa que muchas corporaciones están ávidas de fabricar y vender.

Así, tanto las propuestas y directrices de la UNESCO como las de otros organismos, persiguen posicionar a la educación en el marco de la globalización, pero también, en el marco de la sociedad del conocimiento (Crovi, 2010) ¿Por qué, pues, es tan importante la educación para la sociedad del conocimiento? En este orden económico, de acuerdo con Murillo (2010), la escuela es un elemento esencial de la economía dada la cantidad de inversiones posibles de realizar en ella.

Conclusiones: la vertiente política de la sociedad del conocimiento

Como se ha pretendido apuntar durante el presente ensayo, el hecho de que los términos de sociedad de la información/conocimiento estén auspiciados y promovidos por instituciones de gran poder no es baladí. De acuerdo con Krüger (2006), que estos términos sean usados por instituciones políticas como la OECD, la Unión Europea, la UNESCO, y gobiernos nacionales para legitimar y promover estrategias políticas, lleva a sopesar si no se trata más bien de una visión prescriptiva y directiva que de un concepto sociológico contrastado o un constructo para el análisis.

Grupos de poder tan importantes como el G7 o la OCDE (institución que agrupa los treinta países más ricos) han incluido conceptos como la sociedad de la información en su agenda. Ha sido adoptada, asimismo, por el gobierno de EEUU, diversas agencias de Naciones Unidas (a saber, la UNESCO, por ejemplo) o el Banco Mundial. A la hora de usar y difundir estos términos no se ha reparado en gasto mediático (Burch, 2006). Estas contextualizaciones llaman a relativizar de dónde vienen estos términos y a analizarlos desde un punto de vista crítico. Por su lado, Gorz (2001; citado en Krüger, 2006) propone hablar de capitalismo del conocimiento, en vez de sociedad del conocimiento, con el convencimiento de que esta retórica lo que pretende es convertir el conocimiento en un tipo de capital inmaterial y, ergo, en una posible propiedad privada.

He tratado de relacionar, asimismo, la sociedad de la información/conocimiento con las corporaciones de la industria de las TIC. Éstas tendrían un gran interés en que estos términos propagados por la UNESCO y otras instituciones poderosas cuajen en la población, ya que eso les daría un mercado legítimo, como el de los nativos digitales, de compradores. Además, la obsolescencia tremendamente rápida de este tipo de tecnologías obedece a las necesidades del capitalismo de que la producción innove y saque novedades, para que las ventas no se paren. Si un equipo informático durara y no se quedara obsoleto durante quince años, el beneficio de esta industria sería mucho menor. Por lo tanto, el interés de esta industria no sería otro que el deseo de crear consumidores de las TIC, el cual desplaza a la necesidad más apremiante de usuarios críticos que reflexionen sobre los contenidos y usos de las mismas (Crovi, 2010).

Por otro lado, como se ha visto, se da una alianza entre el aparato político-institucional de la sociedad de la información/conocimiento y el ámbito educativo. Dentro de esta lógica, es esencial educarse a lo largo de la vida, para estar acorde con los tiempos, y es preciso que las escuelas estén provistas de TIC para lograr un aprendizaje satisfactorio. Además, muchísimo se ha escrito en el sector educativo, tanto desde el ámbito de investigación académica como desde el profesional, acerca de las bondades de las TIC en la educación. Autores como Marquès (2000) que habla, por ejemplo, de que el uso de las TIC en las aulas aumenta per se la motivación de los alumnos no hacen sino legitimar su uso y actuar de voceros en pos de, por un lado, la difusión (compra) de las TIC, y por otro, la aceptación de la sociedad de la información/conocimiento. Todo ello unido a la idea de progreso que salpica los frentes a los que me he referido, contribuyen a naturalizar y consolidar los términos de sociedad de la información/conocimiento.

En base a las reflexiones y características analizadas hasta ahora, se hace posible atisbar ciertos intentos abiertos desde varios frentes por crear un modelo que constituya una manera de estructurar las sociedades a nivel mundial bajo los términos de sociedad de la información/conocimiento. Crovi (2010) va un paso más allá y afirma que la sociedad de la información y el conocimiento tiene el objetivo de “poner el acento en su marco político-económico, de corte neoliberal, que determina la preeminencia de una economía de mercado, de alcance mundial y con hondas repercusiones culturales.” (p. 113). Se trata de una tesis que no defiende únicamente ella. Burch (2006) afirma que la sociedad de la información vendría de la mano de la globalización neoliberal y tendría como meta acelerar y asegurar la instauración los preceptos neoliberales en la economía mundial (economía libre de mercado, autorregulada –o lo que es lo mismo, no intervencionista–). A este respecto, el mencionado apoyo a este discurso por parte de poderosos organismos internacionales (a saber, la Organización Mundial del Comercio, el FMI, el Banco Mundial) ayuda a que los países empobrecidos renuncien a sus marcos de regulación económica proteccionista de carácter nacional, en beneficio de los mandatos de estas organizaciones neoliberales supranacionales (ibíd.). El mecanismo no es nuevo; el FMI y otras instituciones han servido otras veces de legitimadores para políticas neoliberales agresivas, como pueden ser la emisión de deuda o la colocación de personas aliadas influyentes en los gobiernos de diversos países.

Además de ciertos núcleos de poder internacionales apoyando estos discursos, se encuentra la industria productora de dispositivos tecnológicos y la gran aceptación social de la que dispone. La alianza entre el poder, digamos, fáctico y la industria de la tecnología no es algo sin importancia. Esto es, la sociedad de la información/conocimiento, nacida de la mano de los preceptos de la globalización neoliberal, supone que en los tiempos venideros serán las «revoluciones tecnológicas», las que determinen el rumbo del desarrollo mundial (Burch, 2006). Si a esto le sumamos la influencia que están cobrando las TIC en el panorama educativo, la preeminencia de la sociedad de la información/conocimiento en los sectores económico, educativo y gubernamental es grande. El resultado, según Burch (ibíd.) de estos centros de influencia no es otro sino que el llevan denunciado tiempo ha los detractores de este modelo económico, a saber, la redistribución de la riqueza de tal manera que se acreciente todavía más la brecha entre ricos y pobres.

Referencias

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Murillo García, J. (2010). Programas Escuela 2.0 y Pizarra Digital: un paradigma de mercantilización del sistema educativo a través de las TICs. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 13(2), 65–78.

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@alejandroglezf

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